Prof. Dr. Eduardo Hernán Charreau (1940 – 2019)
Un gigante de la docencia, de la investigación y de la vida

Juan Carlos Calvo

Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME), CONICET Departamento de Química Biológica, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, Universidad de Buenos Aires

juacalvo@gmail.com

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Hablar del Dr. Charreau es, para mí, hablar de un gigante como profesor, investigador y, casi, segundo padre.

El Dr Eduardo Charreau fue la razón por la que decidí continuar en investigación en el área de la Química Biológica, en el Instituto de Biología y Medicina Experimental donde ahora soy Investigador Principal del CONICET y seguir mi vocación docente dentro del mismo Departamento de Química Biológica, donde tengo el honor de continuar con su legado en la materia Química Biológica.

Su presencia en las aulas de la facultad imponía cierto temor ante una estampa erguida, con cabello negro, engominado y peinado hacia atrás y, a la vez, admiración por la facilidad con que podía explicar los temas complejos de la Química Biológica. Esa mezcla de respeto y temor por su personalidad tan seria, a los pocos minutos se disipaba mientras desarrollaba sus clases, con humor y muchísimo conocimiento.

Las hormonas proteicas y esteroideas, en los albores de su estudio mecanístico, fascinaron mi curiosidad y me impulsaron a acercarme al Dr. Charreau para preguntarle si había lugar en su laboratorio para hacer mi Tesis Doctoral. Eran los fines de 1975 y el Dr. Charreau estaba por hacer una visita al laboratorio del Dr.Vidar Hansson en Noruega, así que me dijo que regresara a fines de febrero. Eso hice y quedé en su laboratorio, creo, porque era el único por esos lados que podía colocar todos sus dedos sobre un teclado de máquina de escribir y usarlos como correspondía.

El Dr Charreau se graduó de Licenciado y Doctor en Ciencias Químicas, en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, de la Universidad de Buenos Aires y se inició en la investigación científica bajo la dirección del Premio Nobel de Fisiología, Dr. Bernardo Houssay.

Recibió su entrenamiento posdoctoral en el Departamento de Química Biológica de la Facultad de Medicina de Harvard, donde tuvo la oportunidad increíble de trabajar junto al Dr. Claude Villee y fue designado Assistant Professor.

En su trabajo de Tesis Doctoral, dirigido por la Dra. María Dufau en los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, Bethesda, Maryland), estuvo al límite de descubrir el mecanismo de transducción de señal de la hormona luteinizante (LH) cuando, al purificar el receptor de membrana, aparecía en el gradiente de densidad una forma molecular con una “colita agregada” que, años más tarde seguramente resultaría ser la Proteína G.

Su interés por el mecanismo de acción hormonal lo llevó, a su regreso al Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME),a establecer un prestigioso centro de referencia en endocrinología molecular que produjo un marcado impacto en el área, como centro de referencia para Latino América.

Su pasión por la investigación siempre anduvo de la mano de su interés por la docencia y, en la Universidad de Buenos Aires pasó por todas las categorías y fue designado en 1975 Profesor Titular en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales.

Como director de laboratorio, siempre promovió la independencia y ninguna idea dejó de analizarse. Los días pasados en su laboratorio se recordarán siempre como horas de camaradería, trabajo, diversión y mucho estudio.

Como investigador de carrera, en el CONICET fue promovido a Investigador Superior en 1985, llegando a ejercer su Presidencia en el período 2002-2008, cerrando un ciclo como discípulo directo del Dr. Houssay. Como el Nobel, también fue director del IBYME (1993-2010), mientras participaba activamente de la vida científica, dentro y fuera del país. Fue presidente de la Confederación Panamericana de Asociaciones para el Adelanto de las Ciencias y de varias Sociedades y Fundaciones.

Fue miembro de la Academia Nacional de Medicina, de la Academia de Ciencias Médicas de Córdoba, de la Third World Academy of Sciences y presidente de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (2008-2012). Su incansable necesidad de promover la actividad científica lo llevó a participar activamente en tareas de intercambio internacional, llevando su prestigio fuera de los límites de su país.

Su labor científica siempre estuvo relacionada con la endocrinología molecular y la hormono-dependencia tumoral, siendo de los primeros que participó en la puesta a punto de determinaciones hormonales en biopsias de cáncer mamario, cuando el análisis de los receptores estaba en sus inicios.

De los frutos de su constante actividad, podemos dar cuenta de más de 160 trabajos publicados en prestigiosas revistas internacionales y de su participación en numerosos congresos nacionales e internacionales que lo contaron en sus conferencias como disertante principal.

Su afán de compartir conocimientos y experiencias se plasmó en la formación de recursos humanos dirigiendo 22 tesis doctorales. Si bien el fin último de su actividad nunca fue la obtención de premios, mereció numerosos reconocimientos de prestigiosas instituciones nacionales e internacionales, incluyendo el TWAS Award in Basic Medicine, la distinción de Maestro de la Medicina Argentina, Dr Honoris Causa de las Universidades de Córdoba y Concepción, Premio Konex en dos oportunidades: como científico y como administrador de las Ciencias. Recibió, también, la Orden de Caballero de las Palmas Académicas del Gobierno Francés y del Mérito Científico en el grado de Comendador del Gobierno Brasileño.

Como presidente del CONICET, la ciencia argentina encontró a alguien que luchó por mantenerla activa y en un lugar de merecimiento, aunque le costara horas y días de intensa labor de convencimiento y “ablandamiento” antes quienes miraban números fríos y presupuestos sin alma.

Esta apretada síntesis de la labor de docencia e investigación que llevara adelante el Dr. Charreau, queda pequeña cuando se la compara con la calidad humana que supo brindar a sus discípulos. En mi caso particular, habiendo perdido a mi padre cuando apenas estaba por cumplir los 16 años, en muchas oportunidades de mi vida en las que hubiese querido poder compartirlas con él, el Dr. Charreau estuvo presente. Recibí consejos que, seguramente, también recibieron sus hijos biológicos. Supo ser firme con quienes trabajamos a su lado, pero comprensivo y generoso con su tiempo, paciencia, capacidad de escuchar y de brindar una palabra de aliento, consuelo y apoyo.

Un curriculum vitae perdurará, por virtud de la tecnología, por muchos años y cualquier persona podrá consultarlo; el recuerdo de un hombre de la ciencia y las anécdotas de las que fuimos protagonistas quienes tuvimos la suerte de compartir su vida, trascenderá aún más el ciberespacio para quedar en la memoria que perdurará más allá del fin de los tiempos, cuando la internet ya no exista y no queden seres humanos que intenten rastrearlo en una computadora.

El 23 de marzo de 2019, todos perdimos a un gigante que, consecuente con sus creencias religiosas, seguramente estará gozando del premio más merecido y el único para el que, seguramente, concursó con su vida diaria. Ya estará intercambiando anécdotas con otros gigantes de nuestro querido Departamento de Química Biológica, como el Dr. Carlos Cardini y el Dr. Carlos Pedro Lantos.

Por siempre en la memoria de quienes tuvimos el honor de conocerlo y, desde una distancia prudencial, seguir sus pasos.

 


ISSN 1666-7948
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Revista QuímicaViva
Número 3, año 17, Diciembre 2018
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