El aporte de la lingüística a la comunicación de la ciencia

 

Por Susana Gallardo

 

 

Guiomar Ciapuscio se doctoró en Lingüística, en la Universidad de Bielefeld, Alemania. Es investigadora independiente del Conicet, y profesora asociada de la cátedra de Gramática en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Su área de investigación es la Gramática y la Lingüística del Texto, y dirige proyectos del programa UBACyT y Conicet que se centran en el estudio del texto académico-científico. Además de numerosos artículos publicados en revistas nacionales e internacionales, ha escrito el libro Tipos textuales (Eudeba) así como Textos especializados y terminología, editado en Barcelona por la Universidad Pompeu Fabra.

 

 

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QV. ¿Dentro del amplio campo de la lingüística, cuál es el área específica de su trabajo?

 

GC. Mi área de trabajo es la Gramática y la Lingüística del texto. El interés por dilucidar la naturaleza y funcionalidad de ciertos fenómenos lingüísticos se combinan, en mi caso, por una fuerte inclinación a estudiarlos en contextos de uso especializados, es decir, en mi grupo trabajamos con distintos tipos o géneros de textos que provienen del campo científico, tanto escritos como orales.

 

 

QV. ¿Por qué el interés por lo que se denomina “texto especializado”?

 

GC. A mi juicio, el texto especializado presenta un territorio especialmente fértil para el estudio de distintas problemáticas lingüísticas, como las estructuras argumentativas y explicativas, las terminologías y la definición, los procedimientos metalingüísticos en general, determinados espectros de verbos, como los modales, por ejemplo, entre otras cuestiones.

 

 

QV. Perdón, ¿podría explicar qué son los procedimientos metalingüísticos?

 

GC. “Metalingüístico” se refiere al lenguaje que se emplea para hablar del lenguaje. Dado que en los textos científicos, en especial en los divulgativos, las palabras generales de la lengua común coexisten junto con terminologías especializadas, muchas veces se comentan, se definen o se explican los términos que se emplean. Estas operaciones metalingüísticas, que para nosotros son muy interesantes, no se dan con la misma intensidad y riqueza en otros tipos de textos. 

 

 

QV. ¿En qué puede mejorarse o beneficiarse la actividad de la comunicación de la ciencia a partir de las investigaciones lingüísticas que se están realizando?

 

GC. Indudablemente los resultados que proveen las investigaciones lingüísticas pueden emplearse para la capacitación y el mejoramiento de las prácticas orales y escritas de los científicos, tanto en su lengua materna como en lenguas extranjeras. Por ejemplo, desde los años noventa se vienen realizando muchísimas investigaciones en las áreas de la lingüística textual y la lingüística aplicada sobre distintos géneros del discurso científico, como el paper, la reseña crítica, la conferencia. Especialmente en inglés, por su lugar absolutamente dominante en la ciencia actual. Pero también en algunas lenguas como el alemán, el español, el francés que, al menos en determinadas disciplinas, resisten el embate anglosajón.

 

 

QV. ¿Esos estudios han producido resultados?

 

GC. Sí, por supuesto. Muchos de ellos han permitido conocer a fondo las particularidades retóricas y lingüísticas de esos géneros que son fundamentales en la práctica científica. Un escritor o un hablante informado y consciente de esas características esenciales producirá, sin lugar a dudas, textos de mayor calidad y, por ejemplo, tendrá mayores chances de que estos sean aceptados en revistas de circulación internacional con altas exigencias no solo en cuanto a calidad de la investigación sino también en cuanto a forma lingüística y retórica.

 

 

QV. ¿Hay grupos en el país, además del suyo, que trabajen  en estos temas?

 

GC. Sí, existen varios proyectos en desarrollo en el país que realizan  rigurosos estudios sobre el artículo de investigación, la reseña crítica, los peer review. Por ejemplo, hay un grupo de la Universidad de Cuyo que está estudiando el artículo de investigación en inglés de distintas disciplinas; sobre esa base está  elaborando un programa de redacción asistida para facilitar la tarea de investigadores argentinos que deben escribir en inglés. Se llama Grupo Redacte.

 

 

QV. Un nombre muy apropiado.

 

GC. Además, los resultados de la investigación lingüística sobre las terminologías científicas también permiten otros desarrollos aplicados, como diccionarios y glosarios especializados que recopilan y sistematizan las terminologías de las distintas disciplinas, glosarios de equivalencias para apoyo a la labor de traducción e interpretación, etc. 

 

 

QV. En el ámbito de las ciencias exactas, las llamadas ciencias duras, no siempre se conocen, porque tampoco llegan a la prensa, las investigaciones que se realizan en el área de las humanidades. En tal sentido quisiéramos que nos cuente qué investigaciones se están haciendo en su disciplina, es decir, en el dominio de la lingüística.

 

GC. Bueno, la pregunta es muy amplia. De hecho, la lingüística es una disciplina compleja, dado que su objeto, el lenguaje, también lo es. Confluyen dentro de la lingüística intereses muy diversos: líneas que podríamos definir con la controvertida metáfora que se aplica para clasificar las ciencias en general, “duras” y “blandas”, con la conciencia de que también en lingüística su empleo es controvertido.

 

 

QV. Empecemos por las duras.

 

GC. Por un lado, las lenguas naturales, pueden verse como sistemas de elementos, de un elevado nivel de complejidad, compuestos por subsistemas –el morfológico y el sintáctico, pero también el fonológico y el semántico– cuyas unidades específicas se combinan a partir de conjuntos de reglas particulares de cada subsistema. De esta manera, las lenguas son complejos mecanismos que pueden desentrañarse y describirse a partir de modelizaciones que intentan no sólo representarlos sino también explicar sus principios de funcionamiento y su potente capacidad creativa. En este sentido, puede hablarse de una línea muy amplia de investigaciones que se describen con el rótulo de “Lingüística Formal”. Dentro de esta línea el paradigma dominante sin lugar a dudas es la Gramática Generativa, que surge a partir de la obra de Noam Chomsky, desarrollada a partir de 1957.

 

QV. ¿Qué postula esta teoría?

 

GC. La teoría de Chomsky postula la existencia de una gramática universal, en el sentido de un conjunto de principios y parámetros que serían patrimonio común de la especie, de carácter innato, cuyos valores específicos se “fijan” o establecen a partir del input de la experiencia, el contexto lingüístico en que el niño nace. De manera que sus estudios acerca de la competencia lingüística, orientados a descifrar la particular combinatoria de cada lengua natural –en sus distintos módulos- a partir de los postulados generales de carácter universal, están ligados a una explicación o teoría de la adquisición lingüística. Desde este punto de vista no pueden dejar de mencionarse los vínculos de esta línea de pensamiento con los estudios de la neurobiología del lenguaje, que tan eficazmente ha hecho conocer Steven Pinker, investigador del MIT, en sus distintos libros. En especial, El instinto del lenguaje.

 

 

QV.¿Y cuáles son las teorías que se oponen a esta, o que admiten la denominación de “blandas”?

 

GC. Se trata de la gran línea, que suele describirse como “funcionalismo”, y que alberga distintas direcciones de la lingüística. En términos muy generales, se proponen explicar cómo se emplean las lenguas en contextos naturales de uso por hablantes concretos. Así encontramos estudios gramaticales y lingüísticos que focalizan sus trabajos en determinar qué tipo de estructuras o elementos se emplean para alcanzar determinados fines o por qué determinado tipo o género de textos hace un empleo intensivo de determinado tipo de recursos. Los resultados de estos estudios, naturalmente, pueden emplearse para capacitar y entrenar en la escritura de textos para distintos propósitos específicos. Y también en géneros orales institucionalizados, como entrevistas de trabajo, conferencias públicas, consultas de asesoramiento, entre otros.

 

 

QV. ¿Hay líneas de trabajo interdisciplinarias?

 

GC. Sí, claro. Hay todo un grupo de estudios que se denominan “lingüística de guión”, o más tradicionalmente la “translingüística”, que son la sociolingüística, la etnolingüística, la psicolingüística, la lingüística histórica, entre otras. Aquí se emplean los conocimientos de la lingüística para explicar problemas vinculados con temáticas de disciplinas vecinas. La sociolingüística, por ejemplo, se pregunta acerca de qué variedades lingüísticas emplean determinados grupos sociales, cómo se constituyen grupos mediante la lengua, de qué manera la lengua aporta a la discriminación y el rechazo del “otro”, qué papel juegan y cómo sobreviven las lenguas minoritarias, etc.

 

 

QV.¿ Entonces la lingüística sería una especie de “megaciencia”?

 

GC. Sin duda. Por un lado, se desarrollan investigaciones de tipo formal, con sofisticadas modelizaciones del sistema lingüístico y herramientas de la lógica y la matemática, que conciben “la lengua” como un objeto de laboratorio, es decir, “in vitro”, aislado de su uso en contextos reales. Por otro lado, una importante corriente está representada por investigaciones de orden funcional, que emplean los insumos de la pragmática, la sociología, la psicología, la historia cultural, y que definen la lengua principalmente desde el punto de vista del uso por parte de hablantes en el marco de contextos marcados social y culturalmente, es decir, como un objeto “in vivo”.

 

 

QV. Una preocupación de algunos científicos es la contaminación con el inglés que se observa en trabajos escritos en español, y no sólo por la inclusión de palabras inglesas, sino también porque se adoptan las estructuras del inglés. Por ejemplo el uso de los adjetivos siempre adelante del sustantivo, o ciertas formas verbales, como las pasivas. ¿Cuál es su opinión al respecto?

 

GC. La preocupación es genuina, claro está, se trata de transferencias no deseadas que el individuo realiza debido a que, por su actividad, está muy inmerso en la lengua extranjera. Por otra parte, ese fenómeno, absolutamente usual y general en personas bilingües o plurilingües, creo que puede verse acentuado en el caso del inglés y el español científico por cuestiones vinculadas al tema del “prestigio lingüístico” y las valoraciones sociales de las lenguas. Es posible que, en muchos científicos, la convicción absoluta de la mayor importancia del inglés, en tanto la lengua de la ciencia respecto del español, lleve a cierta  ligereza a la hora de elegir la mejor expresión lingüística cuando escriben en español.

 

 

QV. Así como ciertos grupos étnicos, por ejemplo los quechuas, defienden su identidad a través de su idioma y costumbres ¿deberíamos nosotros defender nuestra identidad aunque entendamos que para comunicarnos con el resto del mundo podemos usar un idioma diferente?

 

GC. Creo que esta es una de las temáticas actuales más interesantes en la reflexión sobre el discurso científico-académico; la pregunta acerca de si es inevitable que el inglés sea la lengua exclusiva de las ciencias; qué papel cumplen las lenguas vernáculas de los investigadores no angloparlantes; o si es posible que todas las ciencias –naturales, sociales y humanidades- finalmente lleguen a publicar sus resultados solo en inglés. Estos procesos lingüísticos que llevan a la dominancia de una lengua, y a la declinación de otras, son muy complejos y responden a causas muy diversas. Pensemos en el caso del latín y el griego, como lenguas científicas exclusivas durante siglos, y su declinación y reemplazo a causa del nacimiento de las naciones europeas y la jerarquización de sus lenguas vernáculas en los siglos XVI y XVII.Y los importantes procesos de adaptación y normalización lingüísticas para dotar al alemán y al francés de terminologías adecuadas para la expresión de los conceptos científicos, a partir de las disponibilidades y capacidades de su morfología y su léxico...

 

 

QV. Es decir que una política lingüística puede influir en la dirección que a veces toman los hechos históricos.

 

GC. Sin duda. Tenemos el caso de las lenguas reprimidas o censuradas por largo tiempo, como el catalán, durante la etapa franquista: solo cuando las condiciones socio-políticas y económicas permitieron la puesta en marcha y ejecución de una política lingüística firme de revitalización y ampliación léxica, el catalán comenzó a ser una lengua idónea para los intercambios en ámbitos no cotidianos o familiares, como por ejemplo el ámbito científico.

 

 

QV. Entonces ¿es positivo o negativo este dominio que tiene el inglés en el discurso científico?

 

GC. Disponer de una “lingua franca”, como el inglés, para las interacciones y discusiones en las distintas disciplinas, especialmente, en las ciencias naturales y experimentales, es, sin lugar a dudas, un hecho positivo que permite que investigadores hablantes de lenguas extremadamente lejanas entre sí puedan intercambiar, discutir y producir nuevos conocimientos. Sin embargo, en otras disciplinas, si bien el inglés es un recurso valioso para la comunicación con los colegas, la diversidad lingüística y la producción en la lengua original puede ser una necesidad intrínseca al ámbito de conocimiento mismo, como la literatura y la lingüística. Pienso que siempre es más interesante e inteligente tender a la diversidad –es decir, al bilingüismo o al polilingüismo de los investigadores y académicos– que aceptar lo único, el monolingüismo, sea cual sea la lengua del investigador.

 

QV. ¿Hay alguna iniciativa en el ámbito académico que tienda a la defensa del español?

 

GC. Conozco algunas iniciativas novedosas, en este sentido, como la de un grupo de investigadores de la filosofía de la UBA que han formado asociaciones de filósofos latinoamericanos, una de cuyas banderas fundamentales es defender el uso del español. Para contrarrestar el evidente avance del inglés en su disciplina, por ejemplo, han decidido que todos los congresos de la asociación que se realizan en nuestro continente tengan como lengua de las presentaciones y discusiones el español.

 

 

QV. ¿Cómo se encuentra el desarrollo de la lingüística en la Argentina en relación con el primer mundo?

 

GC. Calificaría el desarrollo de la lingüística en el país como digno. Desde la recuperación de la democracia, la lingüística, como otras disciplinas sociales y humanísticas, ha recibido el apoyo de distintas instituciones públicas y privadas. Entre ellas la Fundación Antorchas, que tempranamente apoyó el desarrollo de la disciplina con distintas becas y subsidios. Ya tenemos una decena de lingüistas formados en importantes centros de Europa y Estados Unidos, varias decenas de doctores en lingüística que realizaron sus doctorados en el país y también especialistas que surgieron de las distintas maestrías y carreras de especialización que existen hoy en varias universidades nacionales. Hay grupos de investigación valiosos que trabajan en distintas corrientes de la lingüística en las principales universidades del país y en los institutos de investigación, sin lugar a dudas. Puede decirse que junto con preocupaciones de índole básica que caracterizan a algunos grupos de investigación valiosos (en las universidades de Buenos Aires, Comahue, Cuyo, Bahía Blanca) son numerosos los equipos que tienen una fuerte vocación aplicada, con preocupaciones de índole social: problemas de lectura y comprensión de textos, didáctica de la lengua, alfabetización, producción de textos académicos, entre otras.

 

 

QV. ¿Qué problemas fundamentales encuentra en la comunicación de temas científicos que se realiza en la prensa escrita?

 

GC. He sido una observadora atenta de la divulgación de temas científicos que se hace en la prensa de la Argentina a partir de mediados de los años ochenta. Y debo decir que constato desde hace ya unos años una mejora importantísima en la calidad de los textos divulgativos. Los primeros “cables” de divulgación, que se caracterizaban por un formato excesivamente rígido y una progresión de contenidos repetitiva y previsible, se ven hoy felizmente superados por textos más flexibles, atractivos e interesantes, que se acompañan con variados dispositivos visuales. En ese sentido es claro que las distintas experiencias en la formación de periodistas científicos realizadas en el país desde la recuperación democrática han dado frutos importantes.

 

 

QV. Un problema generalizado, que la divulgación científica trata de atenuar, es el desconocimiento general de la sociedad respecto del papel que juega la ciencia. ¿Considera que esto es aún más notorio en las ciencias sociales y las humanidades?

 

GC. Aquí podría remitirme a un lingüista alemán, Harald Weinrich, que ha planteado una interesante diferencia entre las ciencias naturales y las sociales. Según él, mientras que las ciencias naturales y experimentales tienen un frente de investigación claro, saben perfectamente dónde está “el enemigo” que no es otro que la ignorancia, las ciencias sociales y humanas sufren la falta de un frente de investigación preciso. Por lo tanto, de esta afirmación podría seguirse que los descubrimientos y avances en las primeras son sucesos diáfanos, victorias parciales sobre la ignorancia, que en muchas ciencias tienen consecuencias directas sobre la vida y la salud de las personas y del planeta. Y por ende son motivo indudable de mayor difusión periodística. Las ciencias sociales y las humanidades tienen mayores dificultades para producir acontecimientos de estas características.

 

 

QV. Algunos consideran que, en realidad, los medios tienen ciertos prejuicios a la hora de considerar estas disciplinas como científicas.

 

GC. Puede ser, habría que indagarlo. Sin embargo, creo que sería muy importante incorporar, en todos los casos, la mirada científica en el tratamiento de los distintos temas periodísticos como los de índole económica, social, política, que son parte del interés común. La ciencia siempre tiene algo que decir sobre los distintos problemas o asuntos que el periodista expone en la prensa general: me parece que ese es el punto, insistir con la presencia en los medios de los temas científicos en que la investigación científica siempre, de una u otra manera, es útil a los problemas de la sociedad.

 

 

 


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Revista QuímicaViva
Número 3, año 4, diciembre 2005
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